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¿Qué clase de pastores somos?

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El buen pastor ama tanto a su pueblo que da la vida por él

Con la figura de la puerta, entrada a la casa,  e indicando que Jesús es el Buen Pastor, en su reflexión del Evangelio de este Domingo el Cardenal Nicaragüense Leopoldo Brenes, inició la homilía de la misa dominical que presidió a invitación de Monseñor José Luis Escobar, Arzobispo de San Salvador.

La Eucaristía fue un símbolo de comunión eclesial al final de la reunión de los presidentes de las conferencias episcopales de Panamá, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala. Como presidentes conforman el Secretariado del Episcopado de América Central SEDAC, que cumple 75 años de existencia y que es uno de los motivos de celebración en la agenda de la 36ª Asamblea ordinaria del Celam.

La Celebración dominical también fue concelebrada por Monseñor Juan Espinoza, Secretario General del Episcopado latinoamericano, CELAM.

En esta misa el Cardenal Brenes en su homilía invita a celebrar puesto que han pasado cuarenta días después de la resurrección de Jesucristo, quien es el motivo principal para estar felices. Este día de gozo y alegría es el 4º domingo de pascua y Jesús se manifiesta como el Buen Pastor y nos hace preguntarnos ¿Qué clase de pastores somos?

Cristo nos dice a nosotros, “yo soy la puerta” donde podemos entrar pues siempre está abierta, nos dice a cada uno “ven a mí”; es así como se da a conocer como el buen pastor, nos dice que “Él conoce a sus ovejas y ellas reconocen su voz”. Un Buen Pastor da la vida para “que todos tengamos vida y vida en abundancia”.

Nosotros como Jesús, dijo el Cardenal nicaragüense: “somos líderes que debemos reconocer nuestro rebaño para que las ovejas respondan al llamado de nuestra voz: el padre de familia debe conocer perfectamente a sus hijos, debe conocer a sus vecinos; el empresario debe conocer a sus empleados, el sacerdote debe conocer a sus feligreses, cada uno que tenga la oportunidad de dirigir un grupo de personas debe mantener sinergia para hacer una sociedad mejor”.

En el día del buen pastor recordó que en ese mismo altar y desde ese mismo ambón, Monseñor Romero había celebrado y se había dirigido tantas veces a su pueblo salvadoreño como buen pastor hasta derramar su sangre martirial.