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Un mensaje para el Papa Francisco

 

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En nuestro viaje a la ciudad de Cartagena, con motivo de la visita del papa Francisco

Fotografía CELAM Padre Rigoberto Pérez Garrido y Rafael Vergara

En nuestro viaje a la ciudad de Cartagena, con motivo de la visita del papa Francisco, tuvimos la oportunidad de conocer a Rafael Vergara, uno de los más activos defensores del ambiente de esta ciudad heroica.

Este hombre nacido en esta ciudad en 1949, es un abogado de la Universidad Externado de Colombia, Doctor en Derecho y con diversas especializaciones en Política Agraria, Administración Bancaria y Derecho Público.

De Rafael es mucho lo que hay que decir y reconocer. Como defensor del ambiente ha dado muchas batallas legales por recuperar las zonas de baja mar en el norte de la ciudad y preservar los corales de Varadero, amenazados por la construcción de un canal de acceso al puerto de Cartagena de Indias.

Rafa, como es conocido por sus amigos, habla con la sabiduría del conocimiento y la edad. Su voz es pausada pero profunda. Una afección al pulmón le ha reducido su campo de acción pero no le ha mermado su capacidad de lucha.

A pesar de usar un concentrador de oxígeno para poder respirar en sus salidas a la calle, mantiene la vitalidad para seguir utilizando el arma más poderosa que tiene: La Palabra.

Por eso quiero compartir este mensaje que este escritor, poeta y defensor de la naturaleza que vive en la bella ciudad de Cartagena le escribió al papa.

Sensible a la realidad de la pobreza que genera el sistema ha sido crítico de la falta de equidad social y del enriquecimiento de los poderosos  por el abuso desmesurado de la naturaleza para producir dinero.

Artículo publicado en el diario Universal de Cartagena

Naturaleza y paz

Deseo que el papa convoque y bendiga en esta ciudad el inicio de un acuerdo de paz con la madre naturaleza.

En Cartagena de Indias sus hijos, nacidos o no en estas brisas, nos hemos beneficiado del excepcional ecosistema de litoral que nos alberga. El mar Caribe dibujó nuestra casa, baña nuestras orillas y recorre esta geografía de bahías, caños, lagunas y ciénagas.

Somos de agua y manglares, aves, hijos de la mar y los corales; también somos de piedra, testigos y actores de una dura y violenta construcción de ciudad, de su cruel historia ambiental. Por su bahía nos llegaron bondades y crueldades, privilegios e inequidades que estamos en mora de superar.

El dominio sobre el entorno natural ha sido brutal y, aunque hay resistencia, la presión no se detiene. El poder, si así lo necesita, destruye. Estimulado por la adicción al lucro, el antropocentrismo no tiene límites y, desafiante, desoye hasta el catastrófico grito de la naturaleza. El cambio climático es una referencia, oportunidad económica y “planes”, solo planes.

Descendientes de seres humanos esclavizados y desplazados, deforestando, ocupan cerros tutelares o zonas que fueron agua y manglares. Ese 26% de ciudadanos sobrevive en alto riesgo e informalidad, y frente a la tragedia anunciada, no hay proyectos de reubicación ni trabajo digno.

Regresando a la bahía que antaño fuera coralina, los sectores económicos miran hacia otro lado evadiendo la reparación de la crisis ambiental que han contribuido a generar: aguas sedimentadas y peces contaminados, derrames de químicos, vertimientos de aguas residuales, rellenos y deforestación de manglares para hacer o expandir puertos.

¿Dónde y cuándo se compensaron estas terribles pérdidas? Pido contrición.

¿Quién impone el límite para que, sectores poderosos y vulnerables, dejen de crecer a costa de la naturaleza?

En Laudato Si, Francisco explica que las barreras de coral, como la de Varadero a la entrada bahía, “equivalen a las grandes selvas de la tierra, porque hospedan aproximadamente un millón de especies, incluyendo peces, cangrejos, moluscos, esponjas, algas, etc.”. Y así lo han demostrado los científicos que estudian el arrecife. Sin embargo, en Cartagena se desestiman las catástrofes y los diagnósticos de la ciencia y el Estado, ineficiente o complaciente, permite el desafío a la memoria de las aguas.

Los portuarios, anfitriones del papa, y un sector del Gobierno, luego de su visita persistirán en agredir este extraordinario patrimonio natural intentando abrir un nuevo canal de acceso -que ahora llaman variante- dragando parte de los corales heroicos de Varadero. Ojalá que Francisco en su homilía los lleve a compensar y desistir, y produzca en esta ciudad y en el país el milagro de la conversión ecológica: la de la mente y el corazón, a ver si de una vez por todas, firmamos la paz con la naturaleza.